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Epígrafes

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¿Por qué escribo? Podría ser, entre otras cosas, por deber: por ejemplo, al servicio de una Causa, de una finalidad social, moral: instruir, edificar, militar o distraer. Estas razones no son despreciables; pero las vivo un poco como justificaciones, coartadas, en la medida en que hacen depender el Escribir de una demanda social, o moral (exterior). Ahora bien, en la medida en que estoy lúcido, sé que escribo para contentar un deseo (en el sentido fuerte): el Deseo de Escribir  > No puedo decir que el Deseo es el origen del Escribir, pues no me es dado conocer mi Deseo totalmente y agotar su determinación: un Deseo siempre puede ser el sustituto de otro, y no me corresponde así, sujeto ciego, inmerso en el imaginario, poder explicar mi Deseo hasta en su dato original; solamente puedo decir que el Deseo de escribir tiene cierto punto de partida, que puedo localizar.                           ...

Las palabras políticas de la escuela: la herida de la alfabetización (II)

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  Por Santiago Cardozo   “Estos artefactos que yo llamaría éticos , ya que el sentido denotado pasa por ser el sentido verdadero, y a fundar una ley (¿cuántos hombres habrán muerto por un sentido?), mientras que la connotación (ésta es su ventaja moral) permite instaurar un derecho al sentido múltiple y liberar así la lectura: pero, ¿hasta dónde? Hasta el infinito: no hay límite estructural que pueda cancelar la lectura: se pueden hacer retroceder hasta el infinito los límites de lo legible, decidir que todo es, en definitiva, legible (por ilegible que parezca), pero también en sentido inverso, se puede decir que en el fondo de todo texto, por legible que haya sido en su concepción, hay, queda todavía, un resto de ilegibilidad. El saber-leer puede controlarse, verificarse, en su estadio inaugural, pero muy pronto se convierte en algo sin fondo, sin reglas, sin grados y sin término” (“Escribir la lectura” y “Sobre la lectura”, El susurro del lenguaje. Más allá de la p...

La “insubordinación” o el odio a la política

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Por Santiago Cardozo 1. Leer y escribir : estas han sido, hasta, poco más o menos, los noventa, las palabras de la alfabetización, aquellas en las que la escuela se reconocía y, sobre todo, se definía como tal, de acuerdo con una etimología que lo muestra con inocultable elocuencia: skholé , “ocio, tiempo libre; estudio; escuela” (ver https://bdme.iatext.es/Grafo ), es decir, espacio retirado de la vida doméstica, del oikos cotidiano, de la oralidad pragmática de los intercambios que buscan ofrecer respuestas a las necesidades y las demandas inmediatas, muchas de ellas marcadas por el ritmo de la biología: comer, orinar, defecar, o por la demanda jerárquica de los que mandan: sentarse calladitos a tomar clase, adoptar una posición silenciosa frente a las cosas que ocurren en los liceos y en el mundo (nada de andar imaginando proyectos colectivos, construyendo formas de amar, de relacionarse con el otro; nada de andar esgrimiendo palabras como “justicia”, “resistencia”, “derecho...

Lingüística y psicoanálisis

Por S. C. Una palabra cae, con estrépito, sobre el diccionario y queda, ipso facto , imbuida de un saber que la atosiga: una nota gramatical señala que es un sustantivo o un verbo pronominal en desuso; otra nota, ahora dialectal, indica que se utiliza sobre todo en tales y cuales países, con este o aquel significado que se juzga de segunda. Es así que otras tantas palabras, ordenadas prolijamente desde su uso literal hasta su uso oblicuo, acuden a cercarla, a disponer el alambrado que traza su perímetro en el territorio de la lengua. De ahí en adelante, el lector deberá, si el deseo lo ha ganado, subvertir la norma lexicográfica que ha procurado tapar los agujeros que las palabras usadas van dejando a su paso. Han quedado entonces aptas para la comunicación, para los mandados en el almacén o para las explicaciones de la clase de Educación Ciudadana, elegante forma de decir lo que ayer era moralidad cívica.  Han quedado disponibles para el usufructo de los periodistas, para los co...

La ambigüedad de una demanda comunista

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  Por Santiago Cardozo   “No mires para el costado PCU” (mural a la entrada de la ciudad de La Paz, Canelones). 1. Explicitemos nuestro punto de partida teórico, nuestra posición enunciativa: el ejemplo en cuestión nos coloca ante una situación de equívoco, [1] situación que constituye los fundamentos y la sustancia mismos de la interpretación como actividad política y que, por ello mismo, estropea y niega cualquier discurso pretendidamente unívoco y los efectos consensuales que persigue o pueda perseguir, abriendo paso al desacuerdo como apertura del sentido. 2. La lengua es un sistema de signos cuyo valor se define por diferencia y oposición: un signo es todo lo que los demás no son y que estos no reclaman como propio en aquel. El “Génesis” bíblico lo ilustra con notable elocuencia: cuando Dios da la orden de que se haga la luz (el famoso fiat lux , destinado a un mundo que aparece por efecto del propio imperativo), la luz, ipso facto , se hace, pero, sin qu...

Los doce trabajos de Mr. Word (II)

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  Por  Fabián Muniz Otro día de escritura, otra jornada de trabajo arduo, horas enteras dedicadas a la novela. No dejan de llamarme la atención ciertos subrayados en rojo con los que Mr. Word me comunica sus limitaciones, la frontera que separa lo conocido de lo desconocido. La primera palabra que esta mañana encendió la alarma de nuestro amable Mr. Word fue “reseteándome”. Como es usual, ejecuté el consabido click al botón derecho y di paso al despliegue de opciones: no presté atención a las sucesivas, pero la primera, que me sorprendió, fue “resteándome”, término que desconocía hasta ese entonces. Me dije a mí mismo: “debe ser la conjugación tan compleja, la hermosa y distinguida combinación del gerundio y el pronombre personal enclítico. Veamos qué sucede con el verbo en infinitivo”. Puse “resetear”. El Señor Palabra, emperrado, la subrayó. Qué curioso, me dije, “resetear” es una palabra que Mr. Word debería aceptar, justamente porque es una palabra surgida de “reset”, pred...

Los doce trabajos de Mr. Word (I)

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  (Foto: Paola Scagliotti, 2018) Por Fabián Muniz Escribí la palabra "veganismo" en la novela en la que estoy trabajando. El corrector automático del procesador de texto no la reconoció y la subrayó con rojo (ahora, cuando escribo esto, ya no la subraya porque la añadí al diccionario virtual). Curioso frente a ese subrayado, cliqueé con el botón derecho para enterarme del problema, y se desplegó el habitual cartelito, pero la oferta de Mr. Word era escasa: solo me ofrecía "vaginismo" para enmendar el supuesto error que yo había cometido. Si Mr. Word fuera un analizante acostado en el diván de algún analista lacaniano , o al revés, si fuera el analista lacaniano escuchando al analizante que yace en el diván, y surgiera una confusión entre "veganismo" y "vaginismo", viniera del lado que viniera, habría ocurrido la irrupción del inconsciente. Pero ese acontecimiento imaginado no sucederá jamás: Mr. Word no tiene inconsciente, ni deseo, ni reflexi...