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LA PEQUEÑA MUERTE (adelanto)

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1. Terminado el discurso laudatorio, el cajón comenzó su descenso a los infiernos. El verde intenso del pasto circundante, los pajaritos que cantaban, pequeños grupos de árboles frescos y lozanos no alcanzaban a disimular lo que pasaba.   2.  Las cosas se desmadraron cuando su tercer hijo se suicidó. No quiso hacer terapia ni estuvo dispuesta a aceptar la presencia de su esposo ni de sus amigos. Entonces, con la excusa de la necesidad de unos días aislada del mundo, de la agitación plañidera del pueblo en el que vivía, viajó durante horas en busca de una ciudad con trenes.   3. Hacía tiempo que había tomado la decisión: cuando empezara a ser un estorbo para su familia, pondría fin a sus días, silencioso, apartado. Llegó a los noventa vivito y coleando. Se lo llevó, sin estridencias, un infarto. 4. Leía historias de reyes y de imperios; le gustaban las batallas sangrientas, los cuerpos atravesados por las lanzas, los caballos enarcados sobre los que montaban soldado...

ESCRIBIR ALREDEDOR DE ALGO - Entrevista a Gonzalo Baz

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Por Santiago Cardozo y Fabián Muniz   SC : “Los pasajes comunes”: Benjamin, el Libro de los pasajes , proyecto gigantesco e inconcluso (¿como un complejo habitacional?) la transformación de una ciudad que se moderniza y con relación a la cual el observador mantiene una actitud particular, una manera de mirar los objetos que constituyen esa ciudad que cambia, que se metamorfosea como expresión de un cambio de época. En este sentido, “los pasajes comunes” es un nombre que remite a un espacio compartido, pero que es de tránsito, donde la gente se puede saludar mientras sigue rumbo al trabajo, al almacén, a su casa, etc. Remite a la abstracción de quien planificó los espacios del complejo, pero también a la materialidad de esos lugares donde pasan las cosas que el narrador necesita recordar. Los espacios de tránsito se van transformando, pasan a ser lugares donde sucedieron hechos importantes en la vida de los personajes. La mirada de estos adolescentes en crisis interviene en la...

PENSAMIENTOS (II)

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Por S. C. Depositados sobre el escritorio del aula, encontré sus apuntes de clase. Habíamos hablado de Lacan y de no sé qué otras yerbas de puro palo. Al comienzo de la libreta se leía: “El concepto mismo de ideología cristaliza la certidumbre ‘científica’ de que las representaciones y los discursos deben leerse como las máscaras de un real que ellos denotan y disimulan” (Badiou, “Pasión de lo Real y montaje del semblante”, El siglo , 70). Quería empezar con esta cita como introducción, por lo demás compleja, al tema que trataría en el curso, particularmente relacionado con la articulación entre la historia y el pasado. El enfoque general era psicoanalítico, lacaniano, y prometía buenas preguntas e inmejorables hipótesis de trabajo, así como formas de abordar los problemas que no eran las corrientes, las formas al uso. Después de algunas palabras sueltas escritas debajo de la cita, volvía de nuevo a Badiou:   “Hay una función de desconocimiento que hace que lo abrupto de lo...

Pienso en una mujer

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  Por Fabián Muniz Pienso en una mujer que nunca conocí, qué paradoja, pero que sin embargo sé que existe, o que existió, verán, paso a contarles:   mi madre hacía compras en el súper, el carrito acunaba aquel surtido, y cuando iba a pagar, examinaba en qué fila tocaba la cajera, la más amable, que de vez en cuando, faltaba a su deber; leyendo las angustias monetarias, contantes y sonantes en la cara de esa mujer, mi madre, decía aquella cifra que era el precio total de aquella compra. Cuando se le acababan los billetes, mi madre barajaba moneditas y se le dibujaban arrugas en la frente. Pagaba casi todo, pero no le alcanzaba (pongamos como ejemplo) para el jamón, el Jane y el aceite. Y la cajera, anónima heroína, embolsaba en silencio lo pago y lo no pago; confundía, en bolsas, lo legal con lo ilegal. Después salía mi madre con las bolsas y las acomodaba en el manubrio, los puños de la bici eran bandejas de una bal...

Tentativas, traumas y silencios. Diálogo sobre "Las tentativas", de Isabel Retamoso

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  He aquí el diálogo. Fabián Muniz : Compartamos impresiones de lectura sobre la primera novela de Isabel Retamoso, Las tentativas . Me doy cuenta de que ya supongo que se trata de una novela, y el tema del género literario de este texto, o incluso "género discursivo", como en un cierto momento pasó a emplearse también, es inestable. Santiago Cardozo : Es cierto lo que decís, no solo por la brevedad del texto (a fin de cuentas, a veces no habría que darle tanta importancia a esto), sino también por su composición formal. Quizás, incluso, es un "halago" no hablar de novela, para no provocar todas las expectativas "aclicheadas" que le vienen pegadas, como una especie de resaca marítima. Fabián Muniz : Sí, estoy de acuerdo (y me gusta lo de la "resaca marítima" porque ya introduce la erosión del río que humedece ciertos episodios del libro). La "degeneración" del libro le da un plus de libertad con respecto a ideas preconcebidas sobre lo q...

PENSAMIENTOS (I)

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Por S. C. Un tipo va por la calle y se topa con un árbol. Lo mira y piensa: árbol. Enseguida, se da cuenta de que, al pensar en el árbol, pensó, en realidad, en la palabra “árbol”. Entonces, sigue caminando con la mente absorta en los pensamientos que se le suscitaron. Al cabo de unas cuadras, se topa con otro árbol, lo mira detenidamente, como buscando su naturaleza secreta, y, de nuevo, ocurre lo ya ocurrido: pensó en la palabra “árbol”, pero ahora se le añade una inédita anagnórisis: no solo pensó en la palabra “árbol”, sino que también pensó la palabra “árbol” y, con ello, advirtió el vacío que rodea al pensamiento o que lo hace posible: la cosa árbol no está ahí, en la palabra. La angustia comenzó lentamente a apoderarse de él. La tercera anagnórisis no se hizo esperar: cuando pensó la palabra “árbol” y reparó en que el árbol no estaba en el signo, cayó en la cuenta de que nunca se puede acceder a la cosa árbol si uno quisiera saltearse la palabra. Siempre hay que pasar por esta...

REFLEXIONES SOBRE LA REALIDAD (II)

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  Por S. C. Estuve toda la noche leyendo a Ernaux. ¿La conocés? Una profesora amiga me la recomendó. Conseguí, por Amazon, Los años . Mirá lo que dice en la página 18, te leo: “Todo se borrará en un segundo. Ese diccionario acopiado desde la cuna hasta el lecho postrero se eliminará. Habrá silencio y ninguna palabra para decirlo. No saldrá nada de la boca abierta. Ni yo ni mí. La lengua seguirá convirtiendo el mundo en palabras. En las conversaciones en torno a una mesa de fiesta sólo seremos un nombre, y cada vez tendremos menos rostro, hasta desaparecer en la masa anónima de una generación remota”. La puta madre: así se escribe, ¿o no? ¿Te das cuenta? Somos la piltrafa del universo, loco. Ni siquiera el grano de arena (y lleno de pus) en el desierto. No. La piltrafa misma del universo. Fijate que somos en la lengua, cuando asumimos la posición del “yo” (un tipo francés decía eso, antes, mucho antes, creo que se llamaba… Benvealgo). Esa palabrita casi sin sustancia y sin descripci...