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Batirse por la metáfora: [1] lo que nos jugamos en los sentidos traslaticios

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Esta es la cuestión, siempre ha sido la cuestión: la pobre y humilde metáfora maltratada en nombre de la literalidad de la línea recta de la comunicación.   ¿Quién habló de la metáfora? ¿Quién fue? ¡Que se confiese! O peor aun: ¿quién habló en metáfora? Porque sabemos que para lo único que sirve la lengua es, acaso, para comunicarnos, para expresar, suprema emotividad del hablante, lo que tenemos embuchado en la garganta o indigesto en la boca del estómago.   El lenguaje no vive sino de la separación entre las palabras y las cosas. Es decir, que vive de suscitar y decepcionar constantemente el fantasma de su adecuación. Este fantasma adquiere toda su fuerza cuando se deshacen las reglas admitidas de correspondencia entre estados de cosas o de cuerpos y significaciones.   Jacques Rancière, El tiempo de la igualdad. Diálogos sobre política y estética   1.       La mudez del mundo es una bella metáfora a desbaratar   ...

Apostillas y preguntas a Varela: pensar la educación de otra manera (I)

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Por Santiago Cardozo   0. Lo primero que quiero señalar tiene que ver con lo siguiente: nada de lo que pertenece al orden de lo evidente debe ser tomado como bueno o apropiado de antemano, pues, por ejemplo, si lo evidente coincide con el sentido común de las cosas a discutir, entonces hay buenas razones para sospechar de esas evidencias que, ya lo podemos decir, antagonizan con la reflexión. Que haya largos acuerdos consensuados en el ámbito de la educación no quiere decir que haya en ellos política. Consenso es contrario a disenso, y nosotros aquí nos situamos del lado del disenso, del litigio de los sentidos que han podido llegar a coagular en lo evidente o, peor, en su forma más autoritaria y estereotipada: el sentido común.     1. Barbarización como efecto de la educación, o sea, para mí, impedir el acceso a la escritura, al pensamiento que la escritura ha hecho posible, lo que supone una apuesta (la educación está siendo, en rigor, apostada) por el orden de...

La domesticación de la palabra (*)

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  1. En un importante libro para la lingüística como ciencia del lenguaje, Jean-Claude Milner [1] dice que “no se dice todo”. Las diversas lecturas de esta afirmación van desde lo real de la gramática de una lengua (Lacan decía que lo propio de cada lengua es la integral de sus equívocos, allí donde verdaderamente se diferenciaban entre sí) hasta la moral de esa “gramática social” que dicta formas correctas e incorrectas de decir las cosas, aun cuando su fuerza, alcance e importancia sean, en no pocos casos, menores.          Así, “no se dice todo” quiere decir que la lengua no puede expresar toda la realidad, no puede aprehender la infinidad de matices que constituyen eso que hemos convenido en llamar realidad. Como nos ha enseñado el psicoanálisis, la simbolización del “mundo” (entandamos precariamente “mundo” como lo real simbolizado por el lenguaje) tiene como principal efecto la producción o creación (para emplear una palabra bíb...

Las sombras del texto

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Por S. C.     “El texto tiene necesidad de su sombra: esta sombra es un poco de ideología, un poco de representación, un poco de sujeto: espectros, trazos, rastros, nubes necesarias: la subversión debe producir su propio claroscuro ” (Roland Barthes, El placer del texto ).   La escritura es una práctica social (qué duda cabe y, sin embargo, qué práctica social tan extraña, tan desligada, en cierto modo, de la sociedad, aun cuando, en algún punto o en algún momento, pueda ser restituida o destinada a la circulación pública) que no reporta en primer lugar sino algo que no solemos ver: el sacrificio de la máscara imaginaria del yo (ese cierre de la personalidad) en beneficio de una textualidad en que la solidez de lo que creemos ser se pierde en el léxico vivificado, en la sintaxis, en el ritmo que pauta la gramática de la lengua, aunque el propio ritmo pueda desaparecer en esa gramática, contra la cual suele erigirse como un elemento distinto a la lengua en tanto...

A Juan José Saer

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Por S.C. Un lugar, un territorio Se abre, se pliega, se reconvierte y vuelve a desplegarse Como las alas de un pájaro que, al planear, Describe la forma de una prolongada frase que no cesa. Santa Fe, Serodino, Colastiné Norte, no importa exactamente dónde, El barrio, el punto geográfico preciso, Sino la literatura, La subversión de los sentidos.

La literatura entre Las palabras y el silencio (y el ruido)

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  Por Fabián Muniz ¿Cuál es la relación de la lengua con la literatura? ¿No es una relación paradójica, a partir de la constatación de que la literatura está hecha de lengua, pero que a la vez modifica esa lengua de la que está hecha? ¿Cómo triangulan estos tres conceptos que figuran, articulados unos con otros, en la portada y en el desarrollo del libro? ¿Son palabra, silencio y ruido las tres formas principales de la lengua, y la literatura es la forma discursiva que privilegia esa triangulación necesaria y recíproca?   Los cruces entre el libro de Santiago y la literatura pueden ser varios. A mí me interesa esbozar dos de esos cruces: uno es el que podemos llamar “mención” de la literatura, y se da cada vez que para explicar una de las ideas acerca de cómo funciona el lenguaje, Santiago recurre a un ejemplo extraído de un texto literario: Borges, Onetti, Rubén Darío... Dejemos este cruce, en todo caso, para la conversación posterior a esta lectura. El otro es el que podrí...