Batirse por la metáfora: [1] lo que nos jugamos en los sentidos traslaticios
Esta es la cuestión, siempre ha sido la cuestión: la pobre y humilde metáfora maltratada en nombre de la literalidad de la línea recta de la comunicación. ¿Quién habló de la metáfora? ¿Quién fue? ¡Que se confiese! O peor aun: ¿quién habló en metáfora? Porque sabemos que para lo único que sirve la lengua es, acaso, para comunicarnos, para expresar, suprema emotividad del hablante, lo que tenemos embuchado en la garganta o indigesto en la boca del estómago. El lenguaje no vive sino de la separación entre las palabras y las cosas. Es decir, que vive de suscitar y decepcionar constantemente el fantasma de su adecuación. Este fantasma adquiere toda su fuerza cuando se deshacen las reglas admitidas de correspondencia entre estados de cosas o de cuerpos y significaciones. Jacques Rancière, El tiempo de la igualdad. Diálogos sobre política y estética 1. La mudez del mundo es una bella metáfora a desbaratar ...